viernes, 27 de diciembre de 2013

Engendrar un hijo, plantar un árbol, escribir un libro.


Nadie debería salir de este mundo, dicen, sin haber tenido un hijo, plantado un árbol y tener un libro escrito. Yo ya hice estas tres cosas tan importantes y que son, al mismo tiempo, tan distintas entre sí.

Engendrar un hijo es un maravilloso acto de amor y placer. Plantar un árbol, media docena o un pinar entero es un proceso ecológico y lúdico que nos llena de íntima satisfacción. Lo del libro, como ustedes ya saben, es otra cosa.  Pero ¿qué tienen en común estas tres circunstancias que las hacen tan importantes a los ojos de los demás?  Desde mi punto de vista, ninguna.

Todos, en mayor o medida, somos o hemos sido escritores de algo; desde los que de vez en cuando escriben una carta a un pariente lejano, rellenan un pliego de descargo o se ocupan personalmente de redactar su propio testamento. Luego están los otros, los que pasan la mitad de sus vidas escribiendo un “quijote” cada quince días, es decir, los “escritores de verdad”.

Pero del mismo modo que todos los hijos engendrados, con independencia de la raza, son iguales y todos los árboles plantados, con independencia de la especie, son más o menos parecidos, con lo de los libros no ocurre lo mismo: ¡Cuántas diferencias pueden encontrarse entre un libro y otro! Y no hablo del género o la temática sino del mismo autor, pues es bien sabido que el que empuña la misma pluma puede ser muy distinto a la hora de concebir y escribir dos obras diferentes.

A mí me ha pasado. No es que mi producción literaria sea excesiva ni que los géneros que he tocado sean muy diversos, sino que dentro de mis propias tendencias, pongamos por caso la novela de ficción, las posibles conexiones entre un texto y su hermano no tienen nada que ver.

Es cierto que aunque a todos los hijos se les quiera por igual siempre hay uno que suele ser el preferido. Con los libros que he escrito me ocurre lo mismo. Digo esto porque de mis obras publicadas, aquellas que más me gustaron son las que tienen una aceptación más endeble. Por contraste, las que se venden con mayor facilidad son las que a priori yo pensaba que menos éxito tendrían.

Estas vicisitudes podrían llevar a cualquier autor a una reflexión inmediata: Si como escritor no estoy en completa sintonía con mis lectores ¿debería cambiar entonces mis inclinaciones hacia un género distinto al que hasta ahora he trabajado, modificando incluso mi técnica narrativa?

Personalmente, creo que no lo haría jamás. Hacer eso equivaldría a cometer una intolerable deslealtad con uno mismo y, se diga lo que se diga y se piense lo que se piense, las “justificadas” traiciones al propio intelecto se acaban pagando caro.

Yo seguiré como hasta ahora, escribiendo para mí mismo y sin pensar en el lector y al que no le parezca bien que busque por otro lado.

Es posible que ya no tenga más hijos, no es del todo improbable que pueda plantar más árboles pero tengo la certeza de que si continúo escribiendo lo haré como hasta ahora; tan sólo por el placer de volver a hacerlo para mí mismo.  En exclusiva.

¿Y tú escritor, qué opinas?

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuestionario itinerante para escritores


Alguien ha tenido la feliz iniciativa de poner en marcha en la red una cadena de entrevistas a escritores independientes, estructurada en nueve preguntas clave. De esta forma tan directa podremos conocer a muchos autores sobre lo que son y lo que piensan.

La excelente escritora peruana / venezolana Blanca Miosi, autora de más de media docena de bestseller, me ha hecho el honor de pasarme el testigo que tomo con sumo placer. Sus respuestas ya pueden leerse en su blog: http://blancamiosiysumundo.blogspot.com.es/2013/12/jose-luis-palma-preguntas-itinerantes.html?spref=fb

Aquí les dejo mis respuestas. No sé si estarán acertadas o no pero les garantizo que son realmente auténticas.


CUESTIONARIO

¿Cuántas obras tienes publicadas?

Si mal no recuerdo son siete novelas, un libro de ensayo, dos poemarios y un compendio de relatos. Terminada y a punto de ser publicada tengo una novela esperando el momento oportuno para su presentación entre la sociedad de lectores.


2. ¿Autopublicación o editorial?

Esto es como preguntar: ¿Y tú a quién quieres más a papá o a mamá? Pues, a los dos, obviamente. Yo creo que, dadas las actuales circunstancias ambos modelos de edición tienen que convivir, coexistir, complementarse y no tratar de que uno prevalezca sobre el otro. El tiempo colocará a cada cual en su sitio y de un modo, además, natural. Cuantos más medios de difusión de la literatura existan, mejor para todos. Es cierto que la autopublicación allana el camino a muchos escritores para dar a conocer su obra pero la edición en papel, al menos por ahora, seguirá ocupando el lugar que le corresponde aunque esté casi exclusivamente reservada para esos que llaman “autores consagrados”.


3. ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha?

Siempre hay que partir de un planteamiento inicial para conducir a los personajes y la trama argumental hacia un final más o menos concreto, pero en mi caso jamás he podido cumplir esa hoja de ruta. En casi todas mis novelas los personajes, a partir del folio veinte o treinta, cobran vida propia y lejos de poderlos conducir por donde yo desearía son ellos los que gobiernan mis dedos sobre el teclado del ordenador de forma que, al final, se me desbocan y cada uno toma su propio camino. Son ellos los que deciden cuándo y de qué forma se producirá la resolución de la trama y el final de la novela. Tal vez sea este “misterioso” fenómeno lo que, como escritor, más me fascina.


4. ¿Cómo promocionas tus obras?

Básicamente, a través de las redes sociales de las que twitter es la más eficaz y algo menos Facebook o Google+. Cuando he publicado con editoriales convencionales han sido ellos los que se han encargado de la promoción y de la presentación al público pero el resultado ha sido un poco frustrante; no lo hacen en profundidad, emplean poco tiempo y el escritor tiene la sensación de que es abandonado por sus editores en cuanto la novela cumple su fecha de caducidad que no suele ir más allá de 4 o 6 meses. Ahora me doy cuenta de que una buena autopromoción hace vender más que una editorial convencional, al menos eso ocurre en mi caso y en el de otros muchos escritores amigos entre los que hay autores de bestsellers que venden por millares. La caja de resonancia a nivel planetario que proporcionan las actuales plataformas editoriales como amazon, kobo, smashwords, etc., tiene un factor de impacto infinitamente mayor que cualquier editorial. Hoy por hoy el autor independiente es una especie de extraño hombre orquesta que no sólo debe escribir sus textos sino, además, promocionar, autoeditar, corregir, maquetar, vender, etc., etc.

5. ¿Cuánto tiempo dedicas a escribir?

La anarquía productiva es mi sello de identidad. Cuando las musas se ponen de mi parte escribo compulsivamente de forma que puedo pasar hasta doce horas seguidas escribiendo. Cuando las musas se van de excursión yo me siento a esperarlas. Vuelven cuando les da la gana, ellas son más anárquicas que yo. Tras terminar una novela me doy un tiempo muerto de reflexión que aprovecho para promocionar lo ya escrito o para diseñar un nuevo guión.


6. ¿Has cambiado algún final después de escribirlo?

Creo que nunca. Lo que sí he modificado es la trama argumental conforme la novela se ha ido desarrollando y eso, obviamente, ha modificado el final, sin faltar de modo grosero al planteamiento inicial.


7. ¿Ebook o libro en papel?

Para leer me da un poco igual. Me resistí inicialmente al libro electrónico pero una vez que lo tuve en mis manos (fue un regalo de mis hijas) me di cuenta de que facilitaba la lectura y el transporte de libros de una manera asombrosa. En mi eBook guardo muchísimos libros que vienen conmigo a todas partes. Con los editados en papel sería imposible.



8. ¿Cuánto dura tu proceso de documentación?

Depende del tipo de novela. Sólo una de mis novelas (“Mi amor por un reino en Córdoba”) es histórica lo que me llevó un tiempo largo de documentación; casi un año. Hay otra histórica o más bien biográfica (“El paciente de El Pardo”)  en la que la documentación no fue muy necesaria ya que viví los hechos en primera persona y desde la primera fila de aquel teatro de despropósitos. Las demás libros son de ficción y para eso la documentación básica consiste en leer previamente a muchos autores y cuanto más buenos sean, mejor.


9. ¿Algún consejo a los nuevos escritores?

No creo que los consejos valgan demasiado. Es más eficaz aprender de los errores propios. Si algo puedo decir, basándome en mi propia experiencia, es que para escribir un relato del género que sea se necesita oficio y disciplina, y además, tener hábito de lector y redactar los textos para disfrute propio y sin pensar en los teóricos lectores. Los que nos autoeditamos debemos cuidar mucho nuestras obras. En tal sentido conviene, como los buenos vinos, dejar reposar el texto tres o cuatro meses antes de publicarlo, volver a leerlo seis, siete, ocho o las veces que hagan falta, repasar, corregir, añadir, eliminar y pedir a algunos expertos que la lean con ojo crítico y sin piedad para tener la certidumbre de que lo escrito se va a entregar al lector en las mejores condiciones posibles.



Como es obligado pasar el testigo, yo siento un gran placer entregándoselo al buen escritor catalán Enrique Ríos Ferrer, autor de un bestseller de lectura obligada: EL JUICIO DE DIOS, un thriller intrigante y espléndido en el que un bufete neoyorquino de abogados entra en pleito con el Vaticano teniendo como encausado al mismísimo Dios. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Los años de peregrinación de Murakami


Confieso que soy adicto a este autor japonés cuyos méritos literarios no han sido aun suficientemente valorados por los jurados del Nobel de Literatura o el Príncipe de Asturias de las Letras. Pero todo llegará.

Cuando uno es seguidor incondicional (casi patológico) de un escritor determinado se cree en el derecho de exigirle con cada nueva entrega “un más difícil todavía”. Es lo que, posiblemente, me haya pasado con su última obra: Los años de peregrinación del chico sin color. Extraño título que, a decir de los expertos, no responde a una fiel traducción del japonés a nuestra lengua. Y efectivamente, no hay que ser un experto traductor para verificar que en algunos párrafos de la novela, leída en español, hay algo que chirría. Haruki Murakami no suele ser así. Dicen que el cambio de traductora ha podido ser el factor determinante de estos deslices.

Pero dicho lo anterior, y aun siendo una novela excelente, para mí, al menos, no está a la altura de otros título como Tokyo blues, Sputnik, mi amor, Al sur de la frontera al oeste del sol, Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo o After dark, por tan solo citar algunas de sus obras anteriores.


La diferencia de ésta con las otras puede deberse, simplemente, a que el propio autor no haya estado tan afortunado en la elaboración de esta trama argumental como en ocasiones previas, pero no obstante, y sin negar un punto de malicia en mi planteamiento, me pregunto si un autor de la talla de Murakami no estará excesivamente presionado por su grupo editorial y el mercado que lo envuelve, forzándole a una producción literaria excesiva que, en aras de los beneficios mercantiles, pueda restarle calidad. Porque ¿no sería admisible que la voracidad de los que se benefician de los éxitos colaterales de Murakami no lo estén presionando al extremo de obligarlo a escribir aprisa y corriendo? No sé; a veces lo creo y a veces lo dudo. Considero a Murakami un ser muy libre que a estas alturas de su carrera literaria debería estar por encima del bien y del mal, escribiendo por el exclusivo placer de escribir y sin dejarse manejar por otros intereses que más tengan que ver con el yen que con la innegable calidad de toda su obra literaria.

Y dicho lo que antecede tengo que añadir que, sin llegar a la altura de las anteriores, Los años de peregrinación del chico sin color, aun con algún que otro fallo de traducción, es otra genialidad de este autor nipón al que hay que leer por el puro placer de zambullirse en una literatura magnífica impregnada de una realidad mágica distinta. En su caso de estilo japonés. 


miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Autopublicados? No, gracias.


No sigo muchos, pero los que habitualmente leo son interesantes y me aportan valiosas enseñanzas. Me refiero a los blogs que escriben otros. Antes leía los de contenido socio-político-económico pero eran tan aburridos y tan repetitivos que, por higiene mental, dejé de seguirlos. Leo también algunos que tienen que ver con las ciencias pero para profundizar en esas informaciones acudo directamente a las fuentes donde se publican, es decir, a las revistas científicas.

En los últimos días, la mayoría de los blogs amigos han registrado entradas casi clónicas, unos de otros. El tema recidivante ha sido el presente y futuro del autor obligado a autopublicarse y autopromocionarse frente a la inacción (¿por miedo paralizante?) de las editoriales convencionales y de los agentes literarios que ya ni siquiera leen los originales que reciben, para no perder el tiempo, pero que, no obstante, miran con recelo creciente el futuro de sus negocios.


Mercedes Pinto, María José Moreno, Eduardo Perellón, Francisco Gijón, Blanca Miosi, Mayte F. Uceda, por tan sólo citar algunos, han atacado desde sus trincheras blogueras este interesante asunto reflejando cada uno de ellos opiniones convergentes con los demás. El corolario común de todos esos posts apunta en la misma dirección y si ése es el criterio general tendrá, por fuerza, que ser verdad. Las tendencias estadísticas suelen contener verdades incontestables.

En síntesis, ellos señalan cambios radicales en el negocio editorial tradicional que para los que estamos inmersos en estos mundillos de la autoedición (algunos también fuimos víctimas del otro) comprobamos día a día en nuestras propias carnes. El camino de la autoedición no es fácil, a veces tedioso y en ocasiones decepcionante pero, desde luego, no llega a tener tantos baches ni tantas espinas como el otro.

De todos modos, el advenimiento de estas nuevas vías de autoedición, autopublicación y autopromoción está generando numerosas interrogantes que sólo podrán ser desveladas conforme los acontecimientos se vayan desarrollando. Aventurar que el libro en papel desaparecerá como desapareció el télex o las locomotoras de vapor me parece una ligereza poco reflexiva; es como si llegásemos a decir que habría que ir pensando en reciclar el museo de El Prado porque todos sus fondos pictóricos caben en la memoria de un tablet.

Personalmente, creo que todo se autorregulará de un modo natural, como suele pasar con casi todos los excesos. Los que vivimos las primeras elecciones democráticas que hubo en este país tras la extinción natural de la dictadura, recordamos con sorna, ahora que ya pasó el tiempo, los más de trescientos partidos políticos que brotaron como setas de la noche a la mañana con la malsana intención de tan sólo medrar. Aquel galimatías de siglas imposibles y personajillos irrelevantes se resolvió por la vía de la razón y al día de hoy, de aquellos nadie se acuerda y de los pocos que quedaron, sobran casi todos.

Pues bien, salvando las distancias entre la cultura y el mangoneo, creo que el actual asilvestramiento de la autoedición, de la que amazon es el paradigma de referencia, también acabará por autorregularse. No será ni hoy ni mañana, pero tampoco tardará demasiado. Digo esto, porque hay que tener mucha fe y sobre todo mucha paciencia para persistir en el convencimiento de autoconsiderarse escritor y comprobar, día tras día, que tu “maravillosa” obra digital permanece olvidada en los miles de anaqueles virtuales de las nuevas librerías on line, sin que ni siquiera tus familiares, amigos y conocidos te hagan la caridad de una mísera descarga. Es lógico que entre estos autores (aquí no se libra nadie) cunda el desánimo crónico, lo que les (nos) invitará de un modo, también natural, a abandonar el empeño. Con esa selección natural por autodepredación,  la autoedición digital entrará en una nueva dimensión donde, tanto escritores pero sobre todo lectores, tendrán su vía de referencia mucho más clarificada.



Y pensando un poco más allá, habré de decir que lo del “pase y proceda sin miedo que está usted en su casa” que proponen la mayoría de las actuales plataformas de edición on line, tendrá que cambiar, por fuerza, para introducir filtros de excelencia que garanticen y compensen al lector del esfuerzo de invertir unos pocos céntimos en una descarga meritoria que le proporcione, luego, una lectura grata. De lo contrario, los propios lectores abandonarán a aquel que nada de garantía les pueda ofrecer con lo que esas plataformas gigantescas, abarrotadas de millones de textos poco atractivos, asistirán estupefactas a su propia aniquilación.

Durante los años que viví en Canadá y EEUU aprendí que era de muy mal gusto hacer regalos que llevaran el sello made in Taiwan. Aquello se consideraba una inadmisible ordinariez; por malo, por barato, por hortera y por antipatriota. No creo que la cosa llegue a tanto pero preocupante sería para todos, que se hiciera célebre la frase: "¿Made in amazon? No, thanks", que traducido al román paladino equivaldría a decir: "¿Autopublicados? No, gracias."



domingo, 1 de diciembre de 2013

Las editoriales y la divulgación científica.


Por pura casualidad cayó en mis manos un libro de divulgación médica (?) titulado “La enzima prodigiosa” escrito por Hiromi Shinya y publicado por la editorial Aguilar. Se dice en portada que el libro contiene la “fórmula mágica para no enfermar” y se añade que se han vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo.

Lo “prodigioso” del libro no es la inexistencia de una enzima fantasma que el autor se ha sacado de la chistera, y a la que llama la “enzima prodigiosa” sino toda la sarta de inexactitudes que se vierte en sus páginas. Y todo ello, además, con notable mala intención porque entre sus falsos postulados deja entrever que “su dieta de la enzima prodigiosa” cura todo tipo de cáncer creando, consecuentemente, en los pacientes tumorales falsas expectativas a todas luces crueles, por inexactas.


Para empezar el autor se declara “padre de la endoscopia” lo cual es rotundamente falso. Fue el Dr. Hirschowitz junto con Curtis y Peters quienes en 1965 exploraron por primera vez el interior del colon con la ayuda de un colonoscopio flexible de fibra óptica. Además el autor del libro dice haber realizado en sus cuarenta años de profesión más de 300.000 colonoscopias lo que física y temporalmente es imposible.


El libro no dice sino generalidades vagas largamente repetidas en este tipo de publicaciones; que si la leche de vaca y las grasas animales son muy malas para la salud, que el tabaco y el alcohol producen cáncer, que el pescado es bueno pero que en exceso puede aumentar el cáncer de estómago y que la fibra vegetal, en el seno de la medicina natural es muy buena para la salud en general y para prevenir el cáncer de colon, en particular.

De paso, el presunto endoscopista no tiene empacho alguno en arremeter contra los más que verificados tratamientos antitumorales actuales argumentando, irreflexiva y temerariamente, que aceleran el cáncer. Para evitarlo, propone seguir “su” dieta, básicamente constituida por una alimentación sana en general con restricciones calóricas para evitar la obesidad, suprimiendo las grasas saturadas, el alcohol, té, café y tabaco. ¡Qué originalidad, Señor!

Lo más atrevido del libro es que, sin base científica alguna, el presunto oncólogo se inventa una “enzima madre” a la que llama “enzima prodigiosa” y a la que hace responsable de la buena salud de aquellos incautos que siguen “su” dieta milagrosa librándolos del cáncer. Pero a mitad del libro, el autor, posiblemente bajo los efectos alucinógenos de la referida enzima, reconoce que jamás ha podido demostrarse, científicamente, la existencia de esa “enzima prodigiosa” pero que él cree firmemente en ella, o sea; como lo de las meigas gallegas pero bajo la forma de catalizadores bioquímicos. ¡El colmo!


El traductor del texto original en inglés, para estar en sintonía con el contenido del libro, hace una pésima traslación de los vocablos médicos anglosajones al idioma de Cervantes. Así, traduce to remove (que significa médicamente extirpar) como “remover” que vaya usted a saber lo qué ha pretendido decir con esa traducción al dictado de la fonética. Es decir, ni siquiera se ha molestado en consultar un traductor de términos médicos, de los muchos que en Internet están al alcance de cualquiera . En otros párrafos habla de “las células del ADN” en vez del ADN de las células estructurado en sus cromosomas. Para mayor abundamiento, confunde las proteínas de la leche con las del queso y mezcla las enfermedades autoinmunes y el cáncer de colon con la apnea del sueño o la enfermedad de Chron.
El libro se vende al módico precio de 17 euros en librerías y a 9 euros la descarga en amazon para eBook . Y lo curioso es que, a pesar de las numerosas críticas adversas de los lectores, el bodrio ocupa los primeros lugares del ranking de ventas.

Es muy lamentable que una editorial de prestigio como Aguilar no haya sido más cuidadosa en la selección de sus obras, tanto en lo que se refiere al contenido como al estilo literario o a la traducción. Por poco dinero, un experto les habría convencido, con sólidos argumentos, sobre la inconveniencia de aceptar una publicación de tan ínfima categoría editorial y nula credibilidad. Pero eso sí; un buen negocio librero.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Belén Esteban no es culpable.


Desde que en un eficaz escenario promocional se anunciara la aparición del libro en el que Belén Esteban narra su apasionante vida, se han prodigado las más feroces e injustas críticas, difundidas urbi et orbi en esa inabarcable caja de resonancia que son las redes sociales.

La mayoría de esas diatribas y ácidos comentarios, a veces insultantes, en ocasiones cargados de una pasión visceral y casi siempre carentes de objetividad, han sido disparados impíamente como dardos envenenados contra esta “princesa del pueblo”, cuyo mayor delito ha sido dar el visto bueno al montón de folios que un negro, recogiendo y ordenando lo que ya se sabía por las declaraciones tele-excrementales que la propia interesada ha divulgado, incesantemente y sin recato alguno, se compendian ahora en un librote que, convencido estoy, comprarán muchos pero leerán pocos.


Esos comentarios feroces a los que antes me refería son, en su mayoría, un alegato furioso contra el indecoroso intrusismo de la “autora” en un campo (el literario) del que prácticamente debe desconocerlo todo.  ¿Y qué? ¿Creen ustedes que ha sido únicamente ella la que ha orquestado esta puesta en escena? Pues, no. Dicen de ella que es de cultura escasa, de lengua larga, de modales rústicos, de razonamiento precario y de sentimiento noble, pero eso no la faculta para urdir un plan editorial cuyos resultados económicos están resultando arrolladoramente abrumadores.

Detrás de ese libro de memorias (?) hay, obviamente, un negro; un escondido negro que tal vez de la cara algún día y al que habrán despachado con unos cuantos euros y un sellado y rubricado pacto de silencio. Pero, lo grave, es que detrás de todo ese entramado comercial hay una editorial (Boreal, en este caso) que es la que realmente está llevando el agua a su molino.

Para mí, ni “la autora” ni su negro son los realmente responsables del revuelo que se ha armado. Para mí, insisto, los principales responsables del desaguisado son, por un lado, un público pazguato que en masa ha asaltado las librerías donde se vende el libro con el afán cateto de conseguir más un autógrafo de la “autora” que el libro en sí mismo, y por otro, la propia editorial que ha lanzado a un mercado, presuntamente cultural, un subproducto que, en mi modesta opinión, nada de apasionante ni atractivo puede ofrecer a cualquier lector instalado en el consumo de una literatura tradicional.

Las editoriales hace tiempo que perdieron el gusto por las obras de auténtico valor literario, tanto se trate de autores consagrados como de jóvenes figuras con un teórico futuro prometedor. No hay que olvidar que las editoriales, como cualquier otra empresa, se deben a sus dueños, a su accionariado y en último término a su cuenta de resultados. Para la mayoría de las actuales editoriales lo económico priva sobre la calidad. Por eso, en un país de consumidores de telebasura chismosa, ordinaria y cutre, tener en nómina a una Belén Esteban “escritora”, es un éxito comercial garantizado. Tengo mis razones para dar a la editorial que ha publicado esta magna obra, mi más cordial enhorabuena y a los libreros que impúdicamente la exhiben en sus vitrinas, mi felicitación más efusiva.

Muchos escritores que por inapelables razones de mercado no han podido publicar todavía ni una sola de sus obras y otros que a trancas y barrancas han conseguido editar algo mediáticamente intrascendente, están no sólo defraudados y enfadados con Belén sino que se sienten tristemente agraviados al ver que una advenediza les quita, competitivamente, una cuota de mercado de la que se creían acreedores de pleno derecho. Me gustaría tranquilizarles diciéndoles que los compradores de Belén Esteban jamás comprarían un libro de Knut Hamsun, de Milan Kundera, de Cervantes, de Pessoa, de Platón, o incluso de Corín Tellado o de ellos mismos. Los lectores de Belén Esteban son compradores genuinos y exclusivos de Belén Esteban, y nada más. Belén, por tanto, no es el enemigo a vencer ni la competencia contra la que luchar. El hecho resultaría tan cómico como si en la próxima campaña de Navidad “Sidra el Gaitero”, por ejemplo, hiciera una promoción agresiva para competir contra Dom Pérignon o Veuve Clicqot, o como si el municipio de Torrevieja desplegara una  gran campaña promocional para que los multimillonarios que navegan por las exclusivas azules aguas que separan Córcega de Cerdeña anclaran sus espectaculares barcos en aquel entrañable, popular y variopinto enclave levantino.

No hay que enfadarse y mucho menos arremeter contra Belén Esteban por su meritorio éxito librero (que no literario). La auténtica literatura no está en  “Ambiciones y Reflexiones” de B.E., como tampoco lo está en muchas otras “cosas” parecidas que ocupan, vaya usted a saber por qué,  destacados lugares de  superventas en las casas de libros. La literatura, tal como me la enseñaron en la escuela, es algo más riguroso, más trascendente, más bello, más profundo; un imprescindible alimento para el espíritu, un bálsamo reconfortante para los sentidos y en suma; una manifestación única de algo culturalmente imperecedero.

Como amante de las buenas letras, no me inquieta el éxito de Belén Esteban ni su “temida” competencia editorial, al contrario, todo lo que mueva mercado, de lo que sea, será muy bien venido en estos tiempos de penurias y lamentos. Lo único que podría cabrearme, y no excesivamente porque para eso ya está uno curado de espanto, es que en las próximas ediciones de algunos renombrados certámenes literarios, sin ser Belén Esteban una exministra de nada sino un producto genuino nacido al calor de una trasnochada farándula “salvadora”, pudiera alzarse con algún codiciado trofeo de esos que regalan ingentes cantidades de euros y popularidad promocional como contrapartida a textos de dudosa calidad. 


Pero, ¡qué le vamos a hacer! En un país desconcertado y desconcertante como el nuestro cualquier barbaridad, por aberrante que parezca, puede conseguir, sin despeinarse,  carta de naturaleza. Y esto es lo que hay porque la cosa, por más que uno se empeñe, no da para más. A los inquietos les pido paciencia y les emplazo, por lo menos, a octubre del año próximo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los “Manuscritos” de Blanca Miosi


Como tantos otros autores, yo también he hecho de amazon no sólo una gigantesca y libre editorial on line sino una inabarcable sala de encuentros a escala planetaria donde he tenido el privilegio de encontrar personas extraordinarias que hoy, más que colegas de la pluma y el papel, son auténticos amigos. Una de estas personas es Blanca Miosi. Al día de hoy, y aun conociendo sus magníficas habilidades literarias, creo que la valoro más como amiga y consejera que como escritora. Pero dejemos estas historias que entran de lleno en el terreno de los afectos personales y vayamos a lo que me he propuesto, inicialmente, en el planteamiento de este post.

He leído cuatro obras de Blanca y otras tantas en están en mi eBook a la espera de que el tiempo, siempre escaso, me permita el disfrute de su lectura. A Blanca podríamos definirla como una intrépida aventurera de las complicadas tramas históricas que acomete tratando los temas, no solo de un modo magistral, sino con un perfecto dominio del lenguaje, con una sabia habilidad para que nunca decaiga la atención del lector, con una sagacidad deslumbrante para llevarlo al campo de las lucubraciones  más ambivalentes y para, finalmente, resolver el desenlace de sus sorprendentes novelas con finales tan apoteósicos comos imprevisibles. Leyéndola, se nota que tras esas aparentemente fáciles descripciones se esconde una labor de minuciosa investigación.

La primera novela que leí de ella fue “El Legado”, un relato en el que amalgama la vida de personajes reales de la pasada historia reciente con otros imaginarios, confundiéndolos en escenarios fantasmagóricos en los que el lector es víctima obligada de la sorpresa continua. La autora nos presenta a un  atrabiliario vidente, como Erik Hanussen, para quien el sanguinario Adolf Hitler es un personaje diminuto e insignificante con el que juega al ratón y al gato. Un misterioso Welldone lo envuelve en un proyecto macabro con el que conseguirá la fortuna y el poder que siempre ambicionó. ¿Tuvo Hitler una hija secreta? Por más que se lea minuciosamente “El Legado”, al final, siempre persistirá la duda.


En otra de sus obras, Blanca Miosi nos presta las alas de su “cóndor de pluma dorada” para que volemos a los mundos ignotos de un remoto país andino en el que el lector llegará a sentirse tan atrapado por lo que ve y lo que siente que no recelará en tomar parte en los ritos milenarios y misteriosos de aquellos pueblos prehispánicos que todo lo perdieron tras la llegada de unos implacables conquistadores que arribaron un doce octubre de 1492 a las costas de un inmenso y desconocido continente.
De todas, creo que “La Búsqueda” es no sólo su mejor trabajo sino también su obra más querida por la carga emocional que puso en ella. Basada en el testimonio real de quien compartió su vida afectiva durante muchos años (Henry, su esposo desgraciadamente desaparecido) la escritora nos cuenta la desgarradora historia de un niño polaco, Waldelk Grodek, quien víctima de su candor llega a desafiar, inconscientemente, a los crueles ejecutores del más terrible de los regímenes políticos del convulso siglo XX. 

"La Búsqueda" es un testimonio real, tan duro como conmovedor, en el que destaca por encima de otros aspectos, la distancia ecléctica que toma el protagonista (en este caso la autora) respecto del cruel dictador, responsable de todos los incontables males que hicieron del terror una circunstancia de vida que muchos tomaron como un una consecuencia inapelable de su propio destino en una difícil comprensión del hombre por su infortunio. “La Búsqueda” es una novela basada en hechos reales, tierna y cruda a un tiempo, y que remueve la conciencia del lector hasta provocarle, ahora la sonrisa y más tarde el llanto. También es un testimonio que deja ver a las claras, que no sólo los judíos fueron las únicas víctimas de aquella inhumana locura.


Blanca Miosi ya ha escrito dos  “Manuscritos” y pronto nos regalará un tercero. Leí, ensimismado, el primero y espero leer muy pronto el segundo para enlazarlo, sin solución de continuidad, con el tercero que ya está a punto de salir. Sus “Manuscritos” son historias de aventuras épicas, cuidadosamente elaboradas, en las que los tiempos pretéritos se enlazan con nuestro mundo actual orquestando tramas misteriosas que, en su resolución final, sorprenden siempre al lector.


Blanca no sólo tiene una extraordinaria habilidad para novelar sus historias sino que las desarrolla en un lenguaje culto y moderno que hacen que la lengua española, en su particular modo de utilizarla, resuene con ecos muy genuinos que reverberan a uno y otro lado de ese inmenso océano que une y separa los dos continentes en los que el idioma español, por encima de otras cosas, es el poderoso vínculo que nos une a más de quinientos millones de hispanohablantes.

Gracias, Blanca Miosi, por legarnos tan valiosos “Manuscritos” literarios permitiendo que nuestra imaginación, como tu cóndor de pluma dorada, vuele libre hasta donde sus alas quieran llevarnos.



domingo, 24 de noviembre de 2013

Cuentos y relatos: ¿Un género chico?


No sé quién o quiénes inventaron el término “género chico” para referirse a manifestaciones culturales o artísticas tratando de matizar, con ello, que para todo existen “clases” y “categorías”.

Género chico se le llama al sainete para rebajarlo de categoría frente a la obra teatral clásica en tres actos. Género chico se dice de la zarzuela para otorgarle una categoría inferior a la ópera. Y género chico es el calificativo que los pedantes le otorgan a los cuentos y relatos breves para descalificarlos, literariamente hablando, frente a las novelas de trescientas o más páginas. Es como si la Literatura (con mayúsculas), dependiendo de la extensión de los textos, jugara en una extraña liga en la que hubiera primera, segunda y tercera división.

Siempre me ha parecido una categorización desafortunada pero cuya evidencia queda perfectamente reflejada en el ranking de las obras más vendidas tanto en formato convencional como en los actuales eBooks. Y sin embargo, hay escritores de cuentos y narraciones cortas de una categoría excepcional que, en bastantes casos, son muy superiores a otros que no saben cómo poner el punto final a sus extensísimas y a veces insoportables, por interminables, obras.

Escribo este post (que es una forma muy particular de relato breve) porque, recientemente, cayó en mis manos una obra titulada “Minibiografías ilegales de escritores malditos” escrita impecablemente por Heberto Gamero, un reconocido autor venezolano que ha hecho de este género la piedra angular de su trabajo literario.


En el libro que les acabo de citar, el autor no se deja llevar por los hechos trascendentes que lo biógrafos destacan para relatar la vida y milagros de lo biografiados, sino que, en una síntesis imaginativa muy original, el propio autor se confunde con los personajes para dejar al albur de la imaginación del lector, escenas, tal vez mínimas y aparentemente intrascendentes de las vidas de cada uno de los sesenta personajes que describe en su libro, para provocar una duda razonablemente estructurada en una ambigua línea imaginaria que desdibuja lo que fue real de lo que el autor transfigura en algo enigmáticamente ficticio.

Hay que estar muy bien documentado, como lo está Heberto Gamero, para hacer trascendentes en sus “miniobiografías ilegales de escritores malditos”, pequeñas escenas que al ser tratadas con una maestría muy propia de él, transforman una obra, que para algunos por ser narrativamente corta  podrían considerarla literariamente de “tono menor”,en un compendio de magníficos relatos biográficos breves que hacen las delicias de quien los lee.

Confieso que nunca, antes de ahora, había leído algo tan agradablemente instructivo como las miniografías de Gamero. En su minucioso trabajo se concentra la nómina de  sesenta famosos escritores, unos malditos y otros no tanto, entre los que podríamos citar a Hemingway, Cervantes, Proust, Neruda, Flaubert, Tolstoi, Balzac, Benedetti o Fiodor Mijailovitch Dostoievsky, por tan solo citar algunos.

Cuando terminé de leer las miniografías ilegales de Gamero no las coloqué en el lugar que tengo reservado en mi librería para los “grandes libros” sino que, intencionadamente, las dejé en mi mesilla de noche para volver a saborearlas, a pequeños sorbos,  ya que gracias al placer intelectual que producen inducen sueños, a veces delirantes pero siempre deliciosamente reconfortantes.

Heberto Gamero, con quien tuve el placer de pasear hace poco en Madrid en compañía de Iris, su encantadora esposa, me ha vuelto a reafirmar en la idea de que la literatura breve, eso que se ha venido en llamar “genero chico”, sólo puede ser escrita únicamente por los grandes.

Referencia en amazon: http://viewBook.at/B009229DP0  

sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Puede un autor “indie” mejorar su estrategia?


Si te interesa este post es porque posiblemente seas uno de tantos autores “multifunción” que no solamente escribe, y además muy bien, sino que tras un largo e inútil peregrinar por diferentes editoriales convencionales decidiste un día (de desesperación) subir tus escritos a una de las plataformas digitales on line. No te sientas un ser extraño, y mucho menos desheredado de la Fortuna. No, no estás solo ni eres el único; en ello estamos cientos de miles y somos tantos, que ya casi no cabemos.

Cuando te decidiste a dar el paso como autor autoeditado y te enfrentaste a la plataforma, todo fue relativamente fácil: confeccionaste tu propia portada, conseguiste subir los textos, hiciste la elección del género, la redacción de la sinopsis y hasta pusiste el precio que te pareció más conveniente. La suerte, “tu suerte”, estaba echada, pero…poco tiempo después, cuando ya habías constatado con orgullo que tu novela se exhibía en la plataforma, llegó el desencanto al comprobar que no vendías nada o casi nada y que tu novela se perdía entre los cientos de miles de libros expuestos.

¿Qué hacer, entonces? Lo primero que quisiera decirte es que no dejes que cunda el pánico y mucho menos el desánimo, y lo segundo, que no renuncies a tus sueños. Posiblemente, por falta de experiencia y de apoyos, actuaste de un modo en exceso autodidacta o no tuviste el oportuno consejo de alguien experto que, como tú, también atravesó en su día ese Rubicón cuando se lanzó a la apasionante aventura de la autoedición y la autopublicación. Por ahí hemos pasado todos.


Lo que te toca ahora es no desinflarte, tomar asiento, reflexionar sobre lo que has hecho y lo que has dejado de hacer, verificar tus puntos débiles y los de la novela, plantearte qué sería lo mejor para interesar al mayor número de lectores y, sobre todo, preguntar a los ya saben de esto para que te ayuden a introducir algunas modificaciones en tu estrategia. Yo me voy a permitir ofrecerte en este post cuatro sugerencias, que nada te van a garantizar, pero que no está de más que las conozcas:

1.- Tarjeta de presentación: Título y portada.
¿Qué es lo primero que llama tu atención cuando entras en una librería y deseas comprar algo entre ese mare magnum de libros? ¡Claro, la portada! Una buena portada, según los expertos, es fundamental para atraer la atención del lector. Una portada atractiva vende por sí sola. ¿Y después? ¡Naturalmente, el título! La combinación de estos dos elementos; título y portada, atrapará poderosamente la atención del lector invitándole a la compra si has sabido captar su interés con otras cosas que ahora te diré. No olvides que una plataforma on line, tipo amazon, es una gigantesca librería cuyas ofertas las ves cómodamente desde el ordenador de tu casa, o en tu despacho, o en tu tablet, o en tu smartphone. Para ratificarme en lo que digo te daré un ejemplo que te va a convencer: Una de mis novelas de ficción histórica a la que había dado, inicialmente, el título de “La palmera de Damasco” y cuya portada (bastante mediocre) me la había confeccionado yo mismo, experimentó, súbitamente, una mejora radical en el ranking de ventas. ¿Qué pasó? 


Por consejo de dos amigas, muy expertas en estos asuntos, Marlene Moleón y Blanca Miosi, hice cambios radicales en la portada (encargándosela a un profesional de la categoría de Ernesto Valdés) mientras que la maquetación y revisión general corrió a cargo de un gran profesional como Daniel de Córdova. La portada quedó muy atractiva y el nuevo título (“Mi amor por un reino en Córdoba”) que respondía mejor al contenido de la novela y era, indudablemente, más sugerente que el previo, junto a una activa promoción en redes, la auparon hasta los primeros lugares de amazon en los géneros de biografía, historia y ficción histórica. Algo parecido ocurrió con otra de mis novelas: “El paciente de El Pardo” que tras un cambio de portada, llevada a cabo por el equipo de expertos de Eriginal Books, de Marlene Moleon, y una revisión exhaustiva de tipo ortotipográfico, consiguió situarse en las primeras posiciones de amazon en biografía e historia, y ahí continúa.


En resumen: Un título inexpresivo y una portada carente de atractivo harán difíciles tus ventas. Toma nota y confía tus vacíos y carencias a los profesionales; el esfuerzo tiene su recompensa.

2.-Sinopsis.
Volvamos a la librería. Estás bastante decidido a comprar un libro cuya portada y título han acaparado tu atención. Pero antes tienes que saber de qué va la historia. Ése es otro de los puntos clave: el sumario, que en pocas palabras tiene que informar al lector del contenido de la novela. Hay autores o editores que se limitan a contar en un par de párrafos y, por lo general, con bastante poca gracia los entresijo de la trama argumental con referencias inconcretas acerca de los personajes. Algunos, en su torpeza, hasta consiguen destripar el misterio de la novela con descripciones como: “…al final, el asesino del joyero acabará pagando sus fechorías con el precio de su propia vida.”. La sinopsis (en femenino) debería de utilizar, obviamente, “armas de mujer”, es decir; insinuar sutilmente lo que atesora sin desvelar todos los secretos que darían al traste con la fantasía y la curiosidad del lector. 

Además, la sinopsis, con la misma sutileza femenina que antes hemos comentado, debería, mediante frases muy sugerentes y sin cargar excesivamente las tintas, elogiar la originalidad del tema, la habilidad del autor para mantener constantemente la atención del lector, el ágil desarrollo de la trama para que, finalmente, todo se resuelva en un final sorprendente, sin olvidar que la lectura se hace profundamente amena al estar redactada en un impecable estilo literario. Obviamente, todo lo anterior resultaría estéril si tu novela, en sí misma, no cumpliera los postulados que acabamos de comentar. Por ello, repasar y corregir el texto tantas veces como sea necesario y pedir la cooperación de lectores-censores es otra argucia muy necesaria para entregar al lector un libro en las mejores condiciones posibles. Generalmente, si tu primera novela gusta a un grupo de lectores, éstos estarán más predispuestos a comprarte la segunda.

3. Clasificar adecuadamente el género.
Ya se sabe que cada lector tiene sus gustos y tendencias. Por ello, es muy necesario que en la descripción de los géneros seas muy contundente y resolutivo. Algunos autores tratan de clasificar su novela en tantos géneros como posibilidades ofrece la plataforma digital on line. Grave error. El lector de novela negra, buscará sólo novela negra, y el de romántica, solamente género romántico. La superabundancia de géneros y "palabras clave" para un solo título sólo genera confusión en el lector quien acabará por desestimar la compra de tu libro. 
Si tu novela es romántica y la atmósfera que recreas se ambienta en hechos históricos del siglo XVIII, clasifícala únicamente como romántica y de ficción histórica, pero no insistas en otros géneros creyendo que, con ello, abarcarás un más amplio espectro de lectores. El efecto es justamente el contrario. Un libro no puede ser tan versátil como para poder ser clasificado en siete géneros distintos. Los expertos aconsejan no citar más de dos géneros por novela y tres o cuatro palabras clave. Tres o más géneros, sólo conseguirán confundir al teórico comprador y ahuyentarlo de tu relación de posibles lectores.

4.- Autopromoción:
Si crees que subiendo tu novela a una plataforma de servicios editoriales lo has hecho todo, ya puedes empezar a olvidarte de cualquier mínimo éxito de ventas. Una vez que has hecho la presentación digital de tu novela, teniendo la certeza de que has entregado no sólo lo mejor de ti mismo sino un texto atractivo, bien presentado y hasta cautivador, te toca ahora tu propia promoción aprovechando los medios que hoy te ofrece Internet y que, básicamente, son redes sociales como Twiter, Facebook, linkedin, Google+… Cuantas más mejor, aunque de entre todas, Twiter es la más eficaz para la autopromoción. 


Pero tampoco te pases en el número diario de tuits ni te muestres pesado pidiendo a tus teóricos lectores que compren “tu fantástica obra porque van a flipar”, “porque después ella, el diluvio”, “porque no van a leer nada mejor en su vida” y frases tan torpes como ineficaces. Cuantos más followers tengas, mejor. Sigue para que te sigan. Da las gracias cuando te tuiteen o retuiteen. En cuantos más grupos de autores indies te instales activamente, mejor. Aprenderás mucho. Cuantos más tuits cuelgues en favor de otros, mejor; ya que ellos harán lo mismo contigo. Entra en foros afines a tu causa y pregunta y comenta. No tengas miedo a preguntar; nadie nace sabiendo. Da publicidad a los comentarios que hagan algunos lectores a favor de tu obra y no te deprimas cuando lleguen los adversos. Para ser escritor y estar en la brecha hay que tener cintura y aceptar las críticas, buenas o malas, tal como vengan. Abre tu propia página en Facebook, ilústrala convenientemente y recomienda tu obra, sin agobiar. Haz lo mismo en Google+. Genera tu página de autor en amazon.com y si te es posible hazlo en español e inglés. 

http://www.amazon.com/-/e/B001K11FIY

Crea tu página web personal o haz una para tu novela y publicítala. Mantén activo un blog (las plantillas hoy en día son magníficas y muy versátiles) y en posts periódicos habla “de lo tuyo” sin olvidar que hacer referencias sobre los trabajos de tus colegas te generará simpatías y quién sabe si hasta ayudas que servirán para generarte más ventas. Ilústralo con fotografías elocuentes y no hagas críticas negativas de nadie porque nada positivo te aportará. Piensa que es mejor ser dueño de tus silencios que esclavo de tus palabras.


Podríamos seguir hablando horas y horas sobre un asunto tan complejo como el que nos está tocando vivir con la llegada de las nuevas ediciones digitales, pero tampoco se trata de agotar el tema en un solo post. Mi intención ha sido la de darte unas pinceladas basadas en mi propia experiencia ( a veces amarga) vivida desde los primeros pasos que di en este mundillo y en el que ahora me siento, si no encantado, sí al menos muy satisfecho por haber conocido, sobre todo, a gente extraordinaria de la que he aprendido y sigo aprendiendo cada día.