lunes, 13 de enero de 2014

¿Cómo es el lector que utiliza un eBook?



En mi post anterior; “Un patético análisis de los best sellers” (http://joseluispalmabooks.blogspot.com.es/2014/01/un-patetico-analisis-cientifico-de-los_11.html) hice referencia al pintoresco estudio de un grupo científico americano que pretendió descifrar las claves de lo que continúa siendo un enigma irresoluble: ¿Cómo se fabrica un best seller?”

Entre los comentarios recibidos ha habido uno, a través de TW, remitido por la excelente escritora Paloma Caraballo quien me dice lo siguiente: “Me temo que el lector de Amazon difiere bastante del lector de Anagrama, pronto se acercarán posturas, espero”. Inmediatamente le respondí: “No entiendo las diferencias, Paloma. ¿Dónde las ves tú?” A lo que ella respondió: “En Amazon se vende principalmente lectura de entretenimiento. Hay editoriales que ni siquiera exponen ahí a sus autores”.


Quedé, al principio, perplejo pero de inmediato este breve diálogo me condujo a la pregunta obligada: “¿Qué habrá querido decir, Paloma, marcando esas diferencias y que luego explica matizando tendencias y gustos literarios en función de una descarga con fines más bien lúdicos (entretenimiento) frente a otros que sólo buscan en el papel la excelencia literaria? Traté entonces de estructurar mentalmente cuatro tipos de lectores a los que denominé de esta forma:

a): Los ebookfilos, que son aquellos que por comodidad, usura lectora (en un eBook caben cientos de libros transportables) o escasos de recursos económicos buscan en amazon descargas de cualquier género y temática, a buen precio.
b): Los papirófilos, que serían aquellos que sólo les place la lectura cuando lo hacen en papel y en el formato que convencionalmente ofrecen las editoriales de siempre y a los que “románticamente” el papel les evoca emociones intelectuales insustituibles y únicas.
c): Los mixtos (entre los cuales me incluyo) que serían los que se sienten cómodos leyendo en cualquiera de los formatos anteriores con independencia de gustos, tendencias y preferencias. Aquí podríamos introducir dos subgrupos: Los mixtos E, que por comodidad prefieren el eBook y los mixtos L que por hábitos adquiridos se sienten más a gusto con un pesado libro de ochocientas páginas en las manos.
d:) Finalmente, y fuera de rango, estarían los iletrados que serían esos extraños bípedos implumes que por no leer no leen ni las letras del karaoke.

No estoy de acuerdo con los planteamientos de Paloma. Para empezar, Amazon no es una editorial al estilo de Anagrama, sino una gigantesca librería de ámbito universal donde libremente publican sus obras autores noveles, experimentados, conocidos, indies, famosos, consagrados, premiados con el Nobel o el Pulitzer, ignorados, poetas, científicos, narradores de cuentos y fábulas y hasta mediopensionistas. 


Vista la magnitud del negocio y el tamaño del escaparate (en cierto modo asilvestrado y un punto descontrolado), las grandes editoriales están subiendo obras destacadas de sus autores más famosos para utilizar esta plataforma como un canal más de venta porque ya se sabe lo que ocurre cuando el río baja revuelto. 

Desde Amazon, por el gusto de leerlos y llevarlos almacenados en mi kindle, me he descargado a precio reducido obras de tanta fama universal como El Quijote, Hamlet, La Divina Comedia, las últimas publicaciones de Murakami, Imre Kertész o García Márquez y todas las Sonatas de Valle-Inclán, por tan sólo citar algunas.



Yo interpreto que lo que Paloma ha querido decir, refiriéndose a los géneros, es que en Amazon las novedades más predominantes suelen ser novelas de corte romántico o erótico (son también las que más venden) pero que aún siendo verdad lo anterior, no sería justo catalogar de “entretenimiento” ninguna novela en función del género al que haya sido adscrita. Hay sesudos ensayos filosóficos, en papel, que son para bostezar, sombras en número de cincuenta para echarse a llorar, historias noveladas óptimas para tergiversar conceptos que se creían sólidos y, en fin, novelas románticas o eróticas que tienen una innegable calidad literaria. En Amazon, como en botica, hay de todo y para todos.

Gracias a Amazon muchos autores como Paloma Caraballo, como yo y como muchísimos más, podemos ver cómo nuestras obras se exponen, a coste cero y con absoluta libertad de manipulación para la mejora, en la librería virtual más grande del mundo y en qué medida nos satisface, como padres de la criatura, cuando verificamos que hay lectores que las descargan, las leen, nos envían sus comentarios y nos permiten lo que hasta hace poco era impensable: mantener con ellos un intercambio de opiniones con la frescura y la celeridad que proporcionan, para bien y para mal, las redes sociales.

Si Jeff Bezos, con una providencial visión comercial, no hubiese creado Amazon en 1996, otros, seguramente, no hubiésemos tenido más remedio que inventarla. 
Pero fue él quien, en el garaje de su casa de Seattle y a partir de una primitiva librería on line llamada cadabra.com, puso, con la ayuda de tres modestos servidores, la primera piedra para construir el emporio librero más grande de nuestros días. Era justo que esto ocurriera. Desde hacía demasiado tiempo el alcanforado mundo editorial no hacía otra cosa que poner el nudo corredizo con tanta saña sobre el cuello de los escritores que, al final, esa misma soga acabó por enredarse fatalmente en su cogotes. ¿De dónde salió la soga? Pues de un modesto garaje doméstico americano que es donde, habitualmente, se gestan los grandes proyectos tecnológicos de nuestro tiempo. Espero el día en que pueda comprarme uno para que venga a rescatarme de mis penurias una idea de éxito.

Gracias, Paloma, por tus estimulantes y polémicos comentarios con los que si no estoy en sintonía no desmerecen los aciertos de tus personales puntos de vista sobre los perfiles de los lectores de nuestro tiempo. Un saludo muy cordial, amiga.